¿Hemos perdido la brújula?

¿Hemos perdido la brújula?

“Si existe un Dios –dice Philip Pullman–, está muy lejos ahora mismo”. Este hombre de talante liberal, europeísta y materialista convencido, es uno de los escritores más importantes de la literatura juvenil. Su libro “Luces del norte” (1995) se conoce en América como “La brújula dorada”, el título con el que se llevó al cine, esta historia de fantasía que abre la trilogía “La materia oscura”. Aunque a veces se presenta como para el público infantil, es una obra compleja que ha creado una mitología que ha fascinado a lectores de todas las edades. Su ataque a la religión le ha traído el boicot de la Liga Católica de Estados Unidos y organizaciones evangélicas como Enfoque a la familia. 20 años después continúa el relato en “La bella salvaje”, para darnos su peculiar visión del Diluvio universal.

Como en otras ocasiones, la primera noticia de este debate vino por una campaña de correos electrónicos dirigidos a cristianos, que con una mala traducción del inglés hablan de este escritor ateo, haciendo un resumen tan peculiar de su obra, como que es la historia de una niña que tiene que matar a Dios. Por otro lado, la Sociedad Nacional Secular británica, a la que pertenece el autor, deplora la ausencia de referencias contra la religión en la película de Chris Weitz, que compara en una entrevista con la MTV, la Autoridad del Magisterio de sus libros, más con un estado como Irán, que con una Iglesia como la de Roma.

Quien desde luego no es ningún ignorante sobre su obra, es un autor británico llamado Tony Watkins. Este escritor evangélico ha profundizado tanto en esta trilogía, que ha escrito en inglés un libro llamado “La materia oscura: Guía de un aficionado que piensa, a Philip Pullman”. Su excelente trabajo incluye algunas entrevistas personales con el autor, tremendamente esclarecedoras para comprender su actitud frente a la religión. En una de ellas cuenta cómo se interesó por la fe evangélica de los grupos que se reúnen en casas en la ciudad de Oxford, donde vive.

A pesar de ser ateo, Pullman se quedó maravillado de la relación que tienen entre sí estos cristianos, apoyándose en todo y manteniendo una escuela, aunque no comprende las lenguas que utilizan en sus oraciones. Admira su obra social, pero su experiencia carismática le parece fraudulenta. Sobre todo cuando ve que su único interés en el mundo es de tipo misionero, ya que no les interesa nada la política. Se extraña que sólo lean libros sobre su fe, y la única música que escuchen, esté hecha por cristianos. Aunque eso por supuesto, nos extraña también a otros, que también somos evangélicos…

EL DIOS DE PULLMAN

Como todos los ateos, Pullman ha sido alguien muy relacionado con la religión. Su abuelo era un pastor anglicano, con el que vivió con su hermano en Norfolk, desde la muerte de su padre, cuando tenía siete años. Iba a la iglesia todos los domingos, asistió a la escuela dominical y conoce muy bien la Biblia. Le gusta la versión antigua inglesa de la época de la Reforma, el Libro Oración Común de 1662 y el tipo de himnos que cantaba entonces. Pero dice: “Ya no puedo creer en el Dios en que solía creer cuando era niño”. ¿Cuál es el Dios del que habla entonces Pullman?

Aunque en sus libros sólo habla de los abusos de poder del Magisterio de la Iglesia, en el tercero libro el sirviente humano del Señor Asriel, Thorold, le cuenta a Serafina que su amo “se propone un rebelión contra el mayor poder de todos”. Por lo que “ha ido a buscar el lugar donde mora la Autoridad misma, para destruirla”. ¿Cuál es esa Autoridad?

En el segundo libro dice que “la Autoridad, Dios, el Creador, el Señor, Yahvé, El, Adonai, el Rey, el Padre, el Todopoderoso –todos son nombres que se ha dado a sí mismo-. Él nunca fue el creador. Era un ángel como nosotros –el primer ángel verdadero, el más poderoso, pero estaba formado del Polvo, como nosotros”.

En el mito de la creación de Pullman, el origen de todo está en la Materia. Ésta se hizo consciente, generando Polvo. De ella viene este primer ángel, un ser de puro Polvo que se hace Dios, pretendiendo haber creado a los otros ángeles, que le amaban y obedecían, pero Sofía (la Sabiduría), el ángel más joven y hermoso, descubrió la verdad y fue expulsado por la Autoridad. Esta rebelión angélica fracasó, apresando a los rebeldes en un mundo, de donde escapan para encontrar iluminación, sabiduría y plena conciencia. Las referencias son evidentemente gnósticas, pero Pullman las entiende como Dan Brown en El Código Da Vinci, al revés de su sentido original.

Si los gnósticos atribuían la maldad a la materia, Pullman hace de la Materia un dios, celebrando la realidad física de la que los gnósticos pretendían escapar. El titulo original de su trilogía en inglés, es de hecho “Su materia oscura”, una expresión que viene de La Divina Comedia de Dante. La guerra entre los ángeles viene de El Paraíso perdido de Milton, donde Satanás escapa de la prisión, para tentar a Adán y Eva. El Dios de La Materia Oscura es un Demiurgo. Y la Caída por lo tanto es algo bueno. No estamos hablando del Dios cristiano, eterno y trascendente. Ya que no es el Creador de nada, sino un ángel viejo y poderoso, que carece de la compasión del Dios redentor de la Biblia. ¿Dónde está entonces la amenaza?

Cosmologías como la de Pullman, lejos de ser un peligro para la verdad cristiana, lo que son es un desafío para hablar del Dios verdadero. Porque ¿de quién hablamos, cuando hablamos de Dios? Si ahora resulta que lo que tenemos es que defender la religión, sean cuáles sean sus creencias, estamos muy lejos del Jesús del que nos hablan los Evangelios. Pullman se da cuenta que Jesús es alguien “que la Iglesia cristiana ha malentendido completamente, sinceramente lo ha distorsionado”, hasta el punto que “sus palabras contradicen lo que la Iglesia dice”…

EL RECHAZO A LA RELIGIÓN

Es cierto que Pullman no cree que Jesús sea Dios. No es más que un hombre, “genial, un gran maestro moral y contador de historias, pero sólo un hombre que murió”. La resurrección es para él, un invento posterior, para consolidar la estructura y el poder de la Iglesia. Es contra ella sin embargo que desata sus críticas. La religión del mundo de Lyra gira en torno a una iglesia gobernada por un Magisterio, “saturado de ansiedad y violencia”. Es una institución extraordinariamente repulsiva, con poder “absoluto sobre todo aspecto de la vida”. No es exactamente la Iglesia de Roma, ya que su último Papa se llama Calvino, que aunque no es el reformador del siglo XVI, nos muestra que no es una Iglesia que haya sido reformada. Es un ente autoritario con un espíritu inquisitorial, que se ha enfrentado contra toda “teología experimental”.

El libro que publicó Pullman en 1995, Luces del norte se conoce en América como La brújula dorada, el título con el que se llevó al cine.
No es extraño por lo tanto que la iglesia católica se sienta ofendida por este cuadro, que aunque es resultado de la imaginación fantástica, nos habla de realidades que conocemos a lo largo de la historia de este mundo. Para ser justo, de hecho su crítica se extiende a “la Iglesia en todas sus ramas”. Ya que “todas son iguales”, para un personaje del tercer libro. “Lo que hacen es controlar, destruir, eliminar todo buen sentimiento”, dice Ruta Skadi. En el segundo aparece un sacerdote terrible, un borracho a la caza de brujas, posiblemente pedófilo; pero la crueldad de su iglesia alcanza hasta su último papa, que llama Juan Calvino y acusa de haber ordenado la muerte de niños. El presidente del Tribunal Consistorial de Disciplina, el Padre Hugh McPhail, decide matar a Lyra y el Padre Luis Gómez se ofrece de voluntario. Su masoquismo fanático, finalmente supera al Magisterio mismo.

Es evidente que la visión de Pullman de la Historia de la Iglesia es particularmente negativa. Aunque se confiesa “fascinado por la historia del pensamiento y las estructuras de la vida religiosa”, poco de ello creo que ha reflejado Weitz en su película. La verdad es que no entiendo cómo se puede ver esto como una historia infantil, pero Hollywood ya nos ha dado suficientes ejemplos de cómo puede simplificar el relato más complejo. Dudo por lo tanto que ningún niño que vea la película, se vea llamado a matar a ningún dios. Lo que me preocupa es otra cosa: ¿Qué es lo que enseñamos a nuestros hijos?, ¿les decimos que toda las religiones son iguales y en cualquier iglesia podemos conocer a Dios?

Esto no es lo que nos enseña la Biblia. La cuestión en la Escritura no es si creemos en Dios, sino en qué Dios creemos. La Palabra nos llama a volvernos de los ídolos o dioses, que hemos creado con nuestra imaginación, al Dios verdadero que se revela en la Biblia y la persona de Cristo Jesús. Dioses habrá muchos, pero sólo uno es el Dios verdadero. Lo describe Hebreos 1 como superior a todos los ángeles, “por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia, es quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (vv. 2-3). Y ese no es el Dios del que habla Pullman. Así que no perdamos la brújula…

Por: José de Segovia

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