Cómo mantener vivo el matrimonio para una vida de ministerio

Cómo mantener vivo el matrimonio para una vida de ministerio

Al observar a los candidatos en la ceremonia de ordenación, noté claramente la lumbre en sus ojos, llenos de expectativa. Algunos lloraban, otros reían; todos eran sinceros. Por intuición, interpreté lo que soñaban y percibí su audacia. Ellos estaban llenos de esperanza y fe respecto al futuro.

Varios candidatos eran de edad madura y la dedicación al ministerio era su segunda (o tercera) carrera. Las parejas más jóvenes y solteras seguramente recibían sus credenciales porque ya estaban abocados en el ministerio o habían completado su educación. Por mi mente pasó una serie de preguntas:

¿Cómo se sentirán dentro de diez años?

Los conflictos en la iglesia tienen un efecto muy destructivo en el matrimonio de un pastor. Como cualquier otro, los pastores llevan su estrés a casa y la presión de los problemas afecta su matrimonio y su familia. Los conflictos también desafían la aptitud del pastor y su esposa para manejar el estrés y sus carreras. Los recientes estudios de Pulpit and Pew muestran que la peor lucha de un pastor serán los conflictos en la iglesia. Muchos pastores abandonan el ministerio por la intensidad de la labor o porque ésta parece interminable.1

Para resistir los conflictos en la iglesia, el pastor y su esposa tienen que esforzarse en tener buena comunicación y considerar el ministerio como un trabajo en equipo. Los hombres y las mujeres naturalmente tienen distinta manera de soportar los problemas. El hombre tiende a recluirse mientras que la mujer expresa verbalmente sus preocupaciones. El enemigo hace lo posible para que los esposos en el ministerio no ventilen sus inquietudes, no oren juntos, ni busquen la manera de solucionar los asuntos que se presentan.

¿Se fortalecerá su matrimonio o se complicarán las cosas y perderán el gozo de ser una pareja?

H. B. London, de Enfoque en la Familia, escribe en su libro, Pastors at Greater Risk [Pastores en gran peligro], que:

  • 25 por ciento de las esposas de pastor consideran el horario de trabajo de su esposo como una fuente de conflicto.2
  • 13 por ciento de los pastores son divorciados.2
  • En una encuesta hecha a 4.400 pastores de diez denominaciones protestantes se determinó que “los que están en el ministerio tienen la misma probabilidad de que su matrimonio termine en divorcio que cualquier otro miembro de la iglesia.”2

¿Llevarán una vida santa y se mantendrán centrados en Cristo?

En una entrevista con H. B. London de Viewpoint, el programa radial de Save America [Salva a América], el presentador Chuck Crismier citó algunas estadísticas que han asombrado a muchos:

  • 20 por ciento de los pastores dicen que por lo menos una vez al mes miran pornografía,
  • 33 por ciento de los pastores reconocen que tiene una conducta sexual indebida con alguien en la iglesia, y
  • 20 por ciento de los pastores admiten haber tenido una aventura amorosa.5

Mi esposa y yo creemos que hemos sido llamados a servir juntos y que tenemos responsabilidad recíproca. Esto es importante. Ella me comprende e instintivamente sabe cuando algo me está preocupando. Ella se da cuenta cuando estoy cansado de pasar de un asunto a otro, de proyecto en proyecto.

Hace años aprendí a prestarle oído. Quiero saber lo que ella piensa de mi horario y mi trabajo, y le cuento cuando estoy luchando con algo. Mi ministerio implica mucho viaje. Por supuesto, me cuido de establecer límites en mi vida como protección contra la tentación. La confianza y la responsabilidad recíproca es una constante medida preventiva y me protege.

¿Pasarán algunos por una intensa tentación en que el enemigo los persuada a caer? Y si caen, ¿se levantarán? ¿Les permitirán los hermanos que vuelvan a levantarse?

También vi en algunos ojos, especialmente en los hombres, una determinación que decía: Cueste lo que cueste haré esto; mi esposa tendrá que comprenderlo.

Al observar a muchas parejas en el auditorio que ya habían pasado muchos años en el ministerio, vi a esposas que gradualmente comprendieron que el ministerio les había robado a su esposo. Cada una de estas esposas necesitaba encontrar la manera de hacer entender a su esposo la gran contribución que ella podía hacer en aquello a lo que Dios los había llamado. Algunas de las damas lo harían, y otras no. Tal vez con el tiempo su matrimonio llegaría a ser un acuerdo muto de hacer lo posible por sobrevivir.

De la información que tenemos hoy de H. B. London, George Barna, y otros, sabemos que es fácil que los esposos en el ministerio se distancien. El ministerio es arduo trabajo y fácilmente puede complicarse. Puede ser muy agotador trabajar con gente que está en varios estados de crecimiento. La carnalidad es un asunto más problemático en algunas iglesias que en otras; pero cuando un pastor tiene que tratar con un segmento muy carnal de la iglesia, será necesario que tanto él como su esposa intercedan, piensen en soluciones, y busquen ayuda al tratar con ello.

El llamado al pastorado, o a servir como misionero o evangelista, es un llamado divino que necesita la provisión de fuerza divina. Algunos (aun los miembros de la junta directiva) lo considerarán solo un trabajo; pero es mucho más que eso. Cuando un pastor considera su ministerio como una carrera en la que necesita ser exitoso, su carrera llega a ser el principal enfoque. Esta actitud domina entre los que trabajan de tiempo completo en el ministerio. No hay duda de que cualquier carrera puede perjudicar al matrimonio si ésta llega a ser más importante que la vida conyugal, especialmente entre los que dedican tiempo completo al ministerio.

El ministerio pastoral es complicado y puede competir con la familia

Treinta y dos por ciento de los pastores dicen que lo primero que anotan en su agenda cada semana son las citas. Casi veintiocho por ciento dice que anota las reuniones; solo trece por ciento dice que lo primero en su horario es tiempo dedicado a la familia.6

Cómo los pastores distribuyen su tiempo en el trabajo

  • 14 horas en planificar y asistir a reuniones y cultos.
  • 13 horas en enseñanza, predicación, estudio, y preparación.
  • 9 horas en cuidado pastoral, consejería, y mediación de conflictos.
  • 6 horas en diversas tareas.
  • 4 horas en planificación a largo plazo, en desarrollo de líderes, y en evangelización.7
  • Los pastores por lo general comienzan su día de trabajo a las 8 a.m. y terminan a las 6:30 p.m., seis días por semana.8
  • 40 por ciento de los pastores dicen que trabajan más horas cada semana que hace cinco años.9
  • 15 a 25 por ciento abandonaron el pastorado voluntariamente, 30 a 40 por ciento se vieron obligados a hacerlo, y en los demás casos el abandono se debió a varios factores.
  • Por lo general las razones de abandonar el ministerio son la preferencia de un ministerio especializado y la frustración de tratar los conflictos.
  • Los problemas en la iglesia e interpersonales son factores más comunes que la pérdida de fe, problemas de salud, o problemas económicos.10

Cuando hay un gran conflicto en el trabajo o en el ministerio, sin duda la presión puede causar mucha tensión en el matrimonio. Los ministros no están exentos de sentimientos de insuficiencia y temor, o de tener conflictos en su trabajo.

¿Cómo pueden los pastores establecer equilibrio?

Para desarrollar, los pastores necesitan conocer lo que impide el crecimiento y aprender a centrarse en sus metas. El matrimonio es un organismo vivo —emocionalmente y mentalmente— y pueden llegar a ser más fuertes mediante el dolor, las pruebas, y la presión, o se debilitarán.

Los pastores pueden sentir temor e inquietud frente a un conflicto, y pueden sentirse abrumados por su trabajo. Quizá se comparen con otros que perciben como exitosos. Este constante bombardeo de presión afecta a ellos y a su matrimonio.

Mi esposa y yo recientemente escuchamos a Josh McDowell. Él habló acerca de los ministros que sutilmente confunden sus prioridades (respecto del matrimonio). “El ministerio —dijo él— no debe ser la prioridad en su vida.”

Le pedí que lo explicara.

“El ministerio a la familia debe ser la prioridad en la vida del pastor —dijo—. Ministre a su esposa (o a su esposo) y a sus hijos, y no permita que el trabajo lo aparte de ese compromiso que Dios le ha dado.”

Estoy de acuerdo.

Dios comprende los desafíos de hoy, y puede mostrar a los pastores maneras creativas de cumplir esos desafíos y a la vez crecer en su vida matrimonial. Algunos factores clave para una familia y un matrimonio saludable, son:

No se exceda de su presupuesto

Podemos preguntarnos: ¿podremos atender las necesidades personales de nuestra familia, vestirnos de la manera que espera la iglesia, pagar las cuentas médicas y el seguro, y comprar una casa?

La presión económica es la principal causa de problemas en el matrimonio. Si un pastor no se acomoda al presupuesto o no sigue un plan para sus ahorros y sus gastos, o para pagar cualquier urgente necesidad, puede agregar presión innecesaria a su matrimonio.

Los pastores se preocupan de cómo pagarán sus cuentas, si soportarán los problemas en la iglesia, o si perderán su trabajo. En nuestro escrutinio con Pulpit and Pew, descubrimos que entre treinta y cuarenta por ciento de los pastores que ya no están en el ministerio se vieron obligados a abandonarlo.11 Perdieron su trabajo. Muchas veces, en el ministerio, hay considerable inquietud acerca de alguna ocupación que le vendría bien al pastor.

Estas son justificadas preocupaciones económicas que pasan por la mente de muchos pastores y pueden socavar el gozo del ministerio, y del matrimonio. ¿Qué pueden hacer los pastores?

Establezca un plan financiero y también reglas para las compras a discreción.

Es bueno hacer gastos si se ha establecido lo que tiene prioridad. Al correr de los años, he visto en el baúl del auto regalos de Navidad, ropa, alimento, y ropa para arreglar; cosas que sabía que no eran para nuestra familia. Descubrí que con frecuencia Rosalyn compraba cosas que necesitaban los pobres (a veces desamparados) de nuestra iglesia. Nada caro, pero cosas necesarias. Ella nunca se ha sobrepasado del presupuesto. Cuando me entero para quién son esas cosas y los problemas que tienen esas personas, me avergüenzo por mi queja: ¡yo hubiera podido comprarme una camisa por lo que gastaste en eso!

Hemos acordado cuánto podemos gastar en compras a discreción, tenemos ciertas metas para los ahorros, y, aunque no nos gusta la idea, hemos encontrado la manera de ahorrar un poco de dinero para la jubilación.

Las parejas necesitan conversar acerca de sus necesidades económicas (la preocupación por piezas o puentes dentales para los hijos o por alguna reparación necesaria en la casa). Cuando cierto mes hay que atender estas necesidades, ya no se hacen las compras a discreción.

Muchos ministros son pobres debido a un auto o una casa. Muchas iglesias son pobres debido a un edificio. Permítame explicar. El pastor puede sentir la necesidad de tener un auto de lujo o una casa hermosa. La iglesia puede haber construido un bello edificio, pero eso es todo. Debido al auto, la casa, o el edificio, es muy difícil o imposible atender a las necesidades básicas.

Harris Interactive™, una compañía encuestadora, encontró que casi uno de cada tres norteamericanos que tienen una relación seria es culpable de infidelidad; no la que sucede debajo de las sábanas, sino en un carrito de compras.

Los gastos furtivos se están haciendo tan comunes que casi se dan por sentado. Un patrón de gastos secretos puede dañar la planificación a largo plazo, y puede llevar a problemas de crédito, y con el tiempo puede perjudicar la confianza en la relación.12

Si los pastores no se ajustan al presupuesto y confían en que el Señor suplirá sus necesidades, la economía podría llegar a ser un inmenso obstáculo en su matrimonio.

Como pareja, comprendan la naturaleza de los conflictos y cómo superarlos

Puesto que sabemos que el conflicto es una gran preocupación de los ministros y los misioneros, tenemos que recordar este versículo: “Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia” (Proverbios 3:5). El temor del hombre, no obstante, es un temor muy común en los siervos del Señor. “El temor del hombre pondrá lazo” (Proverbios 29:25).

Muchos ministros tienen temor y se sienten inseguros. ¿Estará contenta la junta directiva con lo que hago? ¿Me concederán un aumento de sueldo? ¿Cómo puedo reprender a la persona que es amigo de uno de los diáconos? Si yo predico este mensaje de la Palabra, ¿ofenderé a cierto grupo que tiene gran influencia, o que ofrenda gran cantidad de dinero a la iglesia?

Los pastores necesitan tener mucho tacto y ser sensible a los sentimientos de los demás, pero no pueden dejarse llevar por el temor del hombre. Si tienen tal temor, ¿por qué han escogido el ministerio como su ocupación?

La responsabilidad del pastor es guiar a los pecadores a Cristo, enseñar acerca del discipulado (lo cual incluye disciplina), y, con espíritu cristiano, reprender a los que están en falta. A veces un pastor tiene que enfrentar en su congregación al espíritu de Jezabel y a los que son como Goliat.

Si un pastor está paralizado por el temor a los hermanos y a lo que puedan hacer, no andará por fe y perderá oportunidades de traer a su congregación el poder santificador de Cristo.

Casi todos los pastores se dedican al ministerio porque han recibido un llamado de Dios. Dios escoge a personas para el ministerio pastoral. Por lo tanto, Él es nuestra Fuente, no el hombre. Cuando la junta directiva o el pastor piensan que la iglesia es la fuente de los ingresos del pastor, su teología es errada. Aunque los pastores estén agradecidos por su sueldo y los beneficios, necesitan tener en mente que sin la bendición de Dios, no tienen nada.

Rehuir el conflicto puede perjudicar al ministerio y causar innecesaria tensión en el matrimonio. Saber lidiar debidamente con el conflicto, como conversar con la esposa al estar tratando el problema, y orar juntos por sabiduría, el tiempo exacto, y favor, ayudará a los pastores a resolver con mucho menos ansiedad los problemas.

Richard L. Dresselhaus sugiere varias pasos que seguir para resolver exitosamente los conflictos en la iglesia:

Describa el problema. ¿Qué ha producido el conflicto? ¿Cuáles son los patrones e incidentes que han suscitado la crisis?

Defina la situación. ¿Quiénes están envueltos en el conflicto? Es decir, ¿quién siente que ha sido amenazada su autoestima a tal grado que ha pasado de tensión a aflicción?

Identifique los motivos. ¿Qué se hubiera podido hacer o pudiera haber prevenido que surgiera el conflicto?

Anote las opciones. ¿Qué hacer para resolver el conflicto? Haga una extensa lista de las opciones.

Evalúe las posibilidades. ¿Cuáles son los pro y los contra de cada opción? ¿Qué resultado se espera obtener de cada opción?13

Los esposos deben determinar juntos la manera de resolver los conflictos en el ministerio. El pastor y su esposa son un equipo. Hay poder espiritual cuando los esposos en el ministerio deciden acerca de seguir una estrategia bíblica y se apoyan mutuamente en oración.

A veces el conflicto es entre los cónyuges. El pastor y su esposa tienen que aprender a resolver sus conflictos interpersonales en maneras que no los intimiden. A continuación hay algunas pautas que les pueden ser útiles:

Determinen el mejor momento. Es importante que se conozcan lo suficiente como para comprender cuándo es el mejor momento para conversar del asunto. Trátese lo mismo de la disciplina de los hijos, de preocupaciones económicas, o de algún problema en la iglesia, el momento en que se haga es muy importante. No es bueno hablar de un problema antes de acostarse, al llegar a casa después de un día agotador, o cuando se siente abrumado por el trabajo, por la vida, o hasta por una llanta baja. Es sumamente importante ser sensible el uno al otro y reconocer cuándo tratar un asunto difícil.

Determinen el mejor temperamento. Conocer el estado de ánimo del cónyuge es algo que las parejas aprenden con el tiempo. Deben estar atentos a ciertos días del mes, ciertos días de la semana, y los momentos cuando no comprenden por qué el cónyuge se siente desanimado, nervioso, abrumado por el trabajo, o aun deprimido. Por ejemplo, para mí el sábado por la noche no es un buen tiempo de discutir algo triste o un asunto en el que no estamos de acuerdo. Mi mente está concentrada en el domingo. No obstante, Rosalyn y yo necesitamos encontrar el momento apropiado para discutir asuntos de importancia.

Determinen el mejor tema. Siempre habrá asuntos, temas, y opiniones en que las parejas difieran. Todos los casados tienen asuntos que necesitan tratar con tolerancia para llegar a un acuerdo mutuo. Alguien ha dicho: “Bienaventurado los flexibles, porque no se quebrarán.” A veces digo: no vale la pena que me mate por esto.

Lo esencial para un matrimonio es el compromiso. Dentro de ese compromiso y los diversos asuntos que escogemos comprender está la opinión de nuestra esposa, o tal vez asuntos que ella necesita años para entender debido a su esfera de experiencia. Cuando un pastor necesita discutir asuntos que su esposa no puede tratar objetivamente, él debe orar por ella, y amarla en medio de todo.

Determinen la mejor transición. Es importante saber cuándo terminar la discusión. Los esposos pueden agotar la discusión de un asunto sin llegar a una conclusión. Entonces necesitan decidir que esta vez no están totalmente de acuerdo, y que por el momento dejarán pendiente el asunto. Casi todos los conflictos o las discusiones pueden terminar bien. Comprender cuándo se llega a ese punto y luegodecidir que se pondrá fin a la discusión es una manera eficaz de tratar los conflictos en el matrimonio. Recuerde que el propósito de discutir un asunto conflictivo es determinar la verdad,no ganar la discusión.

Decidan ser un equipo comprometido. De vez en cuando, al pasar por un tiempo especialmente difícil en el ministerio, mi esposa ha comentado: “Si para mantener la paz tenemos que comprometer lo que Dios y las Escrituras dicen, prefiero irme.”

Sé que mi esposa es sabia y espiritual, que ora por mí, que está dedicada a nuestro mutuo llamado, y que me apoyará, aun cuando haya que tomar decisiones difíciles. Yo escucho a mi esposa. Ella me dice cuando piensa que no tengo la razón o que no es el debido tiempo para tomar cierta decisión. Prestarle atención me ha salvado de muchos problemas. Estamos dedicados el uno al otro y a cumplir juntos la voluntad de Dios.

Scott Stanley, una autoridad en asuntos de relaciones, dice que el compromiso es doble:

El compromiso es una obligación. La obligación está en las fuerzas que mantienen unida a la pareja, como son los hijos, los parientes, el dinero, los amigos, el sistema de valores, la convicción de fe, y hasta la amenaza de divorcio. No obstante, la obligación del compromiso no es tan fuerte que pueda mantener unida a la pareja, ni para que tengan un matrimonio feliz hasta que la muerte los separe.

El compromiso requiere dedicación. Las parejas comprometidas no solo piensan seguir la vida juntos, sino que también constantemente revisan el plan de cómo hacerlo. Regularmente hacen una nueva dedicación el uno al otro al planificar su vida y conversar acerca del futuro.

En su libro The Heart of Commitment [El corazón del compromiso], Stanley da principios a las parejas que quieren animar a su cónyuge en la necesidad y el deseo de tener un compromiso de toda la vida. Él sugiere:

  1. Planeen varias actividades que puedan hacer juntos los próximos veinte años.
  2. Escriban un pacto de lo que piensan hacer los próximos veinte años para mantener vivo su amor.
  3. Expresen con palabras su compromiso para toda la vida. Gary Smalley, dice: “Imprímanlo en una placa, díganlo con regalos, simplemente díganlo. ‘Estaré contigo por siempre y te amaré hasta que la muerte nos separe.’ Escriban un poema e imprímalo para que toda la familia lo vea.”14
  4. Trate de conocer profundamente a su cónyuge.
  5. Cuando haya algún conflicto, válganse de los tres pasos que los pueden llevar a un profundo nivel de intimidad (ajústense al presupuesto, traten juntos los conflicto que tengan que ver con el trabajo, y estén dedicados el uno al otro por toda la vida).
  6. Otra clase de compromiso que necesitan las parejas es la buena voluntad de seguir buscando soluciones a los problemas que tengan.

La salud conyugal y la salud física

“Un hombre de 51 años de edad, con síntomas de depresión, que tiene sobrepeso y alta presión sanguínea, tiene más probabilidad de enfermarse del corazón o de sufrir algún otro mal. Se dedica a un trabajo sedentario 60 ó 70 horas a la semana, por el momento no hace ejercicio físico, y dice que tiene mucho estrés relacionado con su ocupación. El paciente es casado, tiene tres hijos, y uno de ellos ha mostrado interés en seguir la carrera de su padre. El paciente no siente mucho entusiasmo en animar a su hijo a hacerlo.

“Aunque este caso pueda parecer rutinario, el doctor Halaas y su paciente son admirables, tal vez aun históricos. Esto es porque el paciente no es cierto individuo sino una evaluación estadística basada en un típico . . . pastor.”15

El estrés, los conflictos, las muchas horas, y otros asuntos comunes en el ministerio pueden afectarnos físicamente y emocionalmente. Aunque la información es limitada, las indagaciones indican que algunos de los aspectos más críticos que amenazan al clérigo parecen ser el peso, la salud mental, problemas del corazón, y estrés.

  • Una encuesta nacional hecha por Pulpit and Pew, entre más de 2.500 líderes religiosos, muestra que setenta y seis por ciento de los clérigos pesan demasiado o son obesos, comparado con sesenta y un por ciento de la población en general.
  • El mismo estudio comprobó que diez por ciento de los entrevistados informaron estar deprimidos —más o menos el mismo porcentaje que la población en general— mientras que cuarenta por ciento expresaron estar deprimidos a veces, o agotados “casi todo el tiempo”.16

Muchos de los problemas de salud de los pastores pueden ser debido a la naturaleza del ministerio hoy, lo que Stephanie Paulsell, un orador invitado que trata el tema del ministerio en la Facultad Teológica de Harvard y autor de Honoring the Body [Respetando el cuerpo], denomina estar totalmente abrumado por el ministerio.17

“Es un trabajo que lleva a comer a la volada, no darse tiempo para hacer ejercicio físico, y no dormir lo suficiente.” Obligados por la infinidad de necesidades y el sincero deseo de ayudar, muchos pastores, conscientemente o no, se crean problemas, en parte por una errada noción de lo que es el ministerio.18

“Hay un falso concepto de que el ministerio eficaz es la imitación de Cristo —dice Pamela Cranston, presidenta de la Comisión de Bienestar del Clérigo de la diócesis episcopal de California—. La idea es que el ministerio significa una vida de muerte al yo y de entrega al prójimo, y que para ser un verdadero ministro uno debe “matarse” y entregarse del todo a los demás. El problema teológico de ese concepto es que Jesús ya murió por nosotros y nosotros no tenemos que “matarnos”.19

Mi esposa y yo hemos descubierto que para cuidar la salud tenemos que disciplinar nuestra vida. Hay demasiados pastores (y esposas de pastor) que tienen muy mala salud. La Clínica Mayo ha determinado que la salud de los ministros es tan mala, o aun peor, que la de la población en general de los Estados Unidos. El estrés, los conflictos, y otros asuntos que tienen que tratar los pastores afectan su cuerpo. Al disciplinarse y cuidar la dieta, al hacer regularmente ejercicios, y al tomar vacaciones y días libres, los pastores pueden estar más saludables y felices en todo lo que hacen. En muchos aspectos tienen que disciplinarse, como decidir que se ajustarán a un presupuesto, que tratarán los conflictos de manera saludable, que en el llamado al ministerio trabajaran en equipo con su esposa, y que llevarán una vida saludable y equilibrada.

Un ministro y su esposa tienen que tratar muchos problemas, sea que trabajen en la iglesia, en la obra misionera, o en otro ministerio de tiempo completo. Es posible que haya parejas jóvenes que lean esto y piensen que no quisieran dedicarse de tiempo completo al pastorado. No obstante, es importante que comprendan algunos de los peligros y problemas que podrán tener en el futuro. Alguien ha dicho: “No me importa ir a la guerra . . . solo quiero saber quién es el enemigo.”

Es importante que consideremos nuestro llamado como una oportunidad de desarrollar juntos y de sentirnos muy satisfechos de lo que hacemos. No hay nada que se compare a comprender que el ministerio es “la obra de Dios y el llamado de Dios en nuestra vida”. Cuando una pareja descubre esto, y halla la manera de comunicarse y de llevar una vida equilibrada, y si deciden ser un equipo en esta maravillosa obra del ministerio, tendrán gran satisfacción en su vida conyugal.

Por: Wayde I. Goodall

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