Expansión protestante en Latinoamérica y éxodo católico

Expansión protestante en Latinoamérica y éxodo católico

La expansión misionera del Protestantismo en América Latina ha tenido efectos diversos sobre la Iglesia Católica Romana. Por un lado la presencia dinámica de una fuerza religiosa alternativa tuvo como efecto un éxodo de católicos nominales hacia las filas de las iglesias protestantes.

Otro efecto, sin embargo, fue el de desatar un proceso de autocrítica, que se ha manifestado en forma oficial en los últimos años, y que puede decirse que ha contribuido a fortalecer el Catolicismo en la región. Caso típico fue el del Perú donde según un historiador jesuita, ya a comienzos del siglo XX, Protestantismo y Liberalismo se constituyeron en retos que influyeron sobre la Iglesia (católica): “la urgencia de enfrentar el mundo moderno, aunque fuera de una forma tímida y restringida, y pactar con los grupos modernizantes de la sociedad peruana fue en buena parte una reacción contra esos retos.[1]

En años más recientes el crecimiento rápido del Protestantismo popular agudizó las inquietudes de las jerarquías en la región. Uno de los estudiosos católicos mejor informados a este respecto es el sacerdote pasionista belga Franz Damen, quien fue Secretario Ejecutivo del Departamento de Ecumenismo de la Conferencia Episcopal Boliviana.

Damen señaló el hecho de que “según las estadísticas en América Latina cada hora un promedio de 400 católicos pasan a las sectas protestantes, quienes en la actualidad representan ya una octava parte, o sea 12.5% de la población del continente.”[2]

Damen estudió también las reacciones de las jerarquías frente a este fenómeno recordándonos que este éxodo de católicos hacia el protestantismo ya ha superado numéricamente el que tuvo lugar en Europa en el siglo XVI. Es notable, sin embargo, que fueron especialistas católicos en estudios misioneros como Damen quienes se detuvieron en un análisis realista, misionológico y pastoral. Algunos estudiosos protestantes que privilegiaban el análisis sociológico criticaban a las iglesias populares porque éstas no propiciaban la militancia política de izquierda, las llamadas “luchas populares” en las décadas del 60 y el 70. No advirtieron su realidad misionológica.

“SECTA”: LA CONSTRUCCIÓN DE UNA IMAGEN

Al considerar algunas reacciones de la misionología católica hay que recordar primero que para referirse al Protestantismo popular la nomenclatura católica oficial más frecuente usa el término “sectas”. La literatura misionológica católica de América Latina, demuestra claramente que para las jerarquías, como también para sus estudiosos, las formas populares del Protestantismo son las que generan mayor inquietud y ansiedad.

Esto se reflejaba en 1990 en un libro de promoción misionera del conocido misiónologo Monseñor Roger Aubry, quien en el capítulo sobre “Las sectas y la evangelización”[3] llamaba la atención al crecimiento de “las sectas” y decía: No hablamos aquí de las Iglesias Protestantes tradicionales, con las cuales mantenemos relaciones ecuménicas, compartiendo los mismos anhelos de evangelización, de justicia, de paz. Hablamos de las llamadas sectas, la mayoría de ellas llegadas del Norte en este siglo y particularmente en las últimas décadas. Entre ellas centramos nuestra atención en las sectas de orden pentecostal o con afinidades pentecostales en sus expresiones de culto y en su estructura doctrinal.[4]

Entre las “sectas” que Aubry mencionaba como problemáticas debido a su rápido crecimiento, están las Asambleas de Dios, la Iglesia del Nazareno, la Iglesia de Cristo, la Iglesia de Dios, y las Iglesias de Santidad. Citando datos de la publicación Pro Mundi Vita, Aubry señalaba que estas “sectas” son las que crecen más vigorosamente, y “representan casi el 80% de las confesiones no católicas, por ejemplo, en Nicaragua, el 73%; en Costa Rica el 83%; en Guatemala, el 84%…”[5]

Utilizando datos oficiales de los obispados católicos, Aubry mostraba el contraste en el caso de Chile donde los Pentecostales son el 14% de la población mientras las demás iglesias protestantes no llegan al 1%, y hace también referencia a Brasil donde los Pentecostales “constituyen el 70% del Protestantismo”. Es evidente que en su tipología Aubry distinguía dos grupos: los que crecen, a los que llama “sectas” y caracteriza como “pentecostales”; y los otros, para los cuales usa el término “Iglesias Protestantes”.

Esta misma actitud refleja un Manual dedicado a orientar respecto a las “sectas”. En él un especialista católico argentino afirma: Las relaciones ecuménicas desde años han preferido establecer otro nombre, menos cargado de connotaciones negativas, para designar a las ‘sectas’, reconociendo de este modo la presencia en ellas también de algunos elementos positivos que merecen la consideración de la Iglesia. Se prefiere hoy hablar de ‘movimientos religiosos libres’, aunque su actividad proselitista sea considerada siempre ‘sectaria'”.[6]

Tomando en cuenta que en el libro se estudia a Bautistas, Adventistas y Pentecostales, junto a Testigos de Jehová y Mormones, es evidente que se sigue la misma tipología a la que hemos venido haciendo referencia. Sin hacer las necesarias aclaraciones teológicas, es evidente que se presentan como “sectarias” a las formas de Protestantismo que evangelizan y crecen numéricamente, y así se las distingue de las otras.

Sería de esperar que este crecimiento protestante llegase a entenderse desde perspectiva misionológica teniendo en cuenta que las sociedades latinoamericanas van siendo cada vez más pluralistas. Sin embargo, el vocabulario de los documentos oficiales de los Obispos Católicos muestra una postura hostil que se fue endureciendo.

Se detecta cierta evolución en la forma de referirse a los diferentes tipos de Protestantismo que existen en América Latina. En su Asamblea de Rio de Janeiro, en 1955, los Obispos no hacían ninguna distinción, sino que simplemente señalaban “el grave problema que plantean el protestantismo y los varios movimientos acatólicos que se han introducido en las naciones latinoamericanas, amenazando su tradicional cultura católica”.[7]

Trece años más tarde en Medellín (1968) las Conclusiones de los Obispos no utilizaron los términos “Protestantismo” o “secta” sino que insistieron en formas variadas de cooperación ecuménica con las “diversas confesiones y comuniones cristianas”.[8] Once años después en Puebla (1979) se hizo una distinción entre “Iglesias” con las cuales se practica el ecumenismo y se ha llegado a Consejos bilaterales o multilaterales, y por otra parte “Los ‘movimientos religiosos libres’ (popularmente ‘sectas’)”.[9] Respecto a éstos se advierte “no podemos ignorar en lo tocante a esos grupos, proselitismos muy marcados, fundamentalismo bíblico y literalismo estricto respecto de sus propias doctrinas”.[10]

En Santo Domingo (1992) el entonces Papa Juan Pablo II tuvo palabras duras contra lo que llamó sectas. Dirigiéndose a los obispos latinoamericanos dijo: “A ejemplo del Buen Pastor habéis de apacentar el rebaño que os ha sido confiado y defenderlo de los lobos rapaces. Causa de división y discordia en vuestras comunidades eclesiales son – lo sabéis bien – las sectas y movimientos ‘pseudo-espirituales’ de que habla el documento de Puebla cuya expansión y agresividad urge afrontar.”[11]

Más adelante el discurso del Papa recurrió a la teoría de la conspiración para explicar “el avance de las sectas” y afirmó: “Por otra parte no se puede infravalorar una cierta estrategia cuyo objetivo es debilitar los vínculos que unen a los países de América Latina y minar así las fuerzas que nacen de la unidad. Con este objeto se destinan importantes recursos económicos para subvencionar campañas proselitistas, que tratan de resquebrajar esta unidad católica.”[12]

Continuará: Latinoamérica: la Iglesia católica ‘aprende’ de los protestantes (AméricaLatina: protestantismo popular y misionología católica -II)

NOTAS

[1].. Jeffrey Klaiber S.J. La reacción católica ante la presencia protestante durante la república aristocrática Lima: Seminario de Historia del Protestantismo en el Perú, 1995.

[2].. Franz Damen “Las sectas ¿avalancha o desafío?” Cuarto Intermedio revista publicada por la orden jesuita, Cochabamba, Mayo de 1987, p. 45. Damen es de la orden pasionista, ha sido misionero en Bolivia, y ha publicado varios trabajos acerca de los evangélicos en América Latina.

[3].. Mons. Roger Aubry La misión: siguiendo a Jesús por los caminos de América Latina Buenos Aires: Ed. Guadalupe, 1990, pp. 105-115. Mons. Aubry, sacerdote redentorista suizo, fue presidente del Departamento de Misiones del CELAM entre 1974 y 1979, y ha sido misionero en el interior de Bolivia desde 1970.

[4].. Op.cit., p. 105

[5].. Ibid, p.106.

[6].. Osvaldo Santagada “Caracterización y situación de las sectas en América Latina”, en CELAM Sectas en América Latina. El libro no indica lugar de publicación ni fecha, pero es el no. 50 de la serie publicada por CELAM en Bogotá, y en la presentación Mons. Antonio Quarracino hace referencia a un encuentro que dio origen al libro en 1981.

[7].. I Conferencia General del Episcopado Latinoamericano Documento de Rio Lima: Vida y Espiritualidad, 1991. El documento original que esta nueva edición reproduce, data de 1955.

[8].. Ver Medellín. Conclusiones 2, 26 y 30; 5, 19; 8, 11; 9, 14.

[9].. Puebla 1107, 1109.

[10].. Puebla, 1109.

[11]. Discurso inaugural del Papa en Santo Domingo, párrafo 12.

[12]. Id.

Por: Samuel Escobar

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