Acabar bien: De una perspectiva microscópica a una perspectiva macroscópica

Acabar bien: De una perspectiva microscópica a una perspectiva macroscópica

Tengo una nueva apreciación de la vida como una maratón, en vez de una carrera corta de velocidad. Si me pregunta cuál es la enseñanza más influyente que he oído en los últimos 10 años, yo respondería: “El concepto de terminar bien”.

La Biblia menciona por nombre unos mil personajes. Se habla con más detalle de unos cien de ellos, sea en el comienzo, en la mitad, o en el ocaso de su vida. Se da más detalles de unos cincuenta de esos 100 personajes. Solo 1 de cada tres de ellos terminaron exitosamente sus días. Las estadísticas son abrumadoras; pero si uno de cada 3 pudo llegar con buen éxito al fin de la existencia, significa que sí es posible hacerlo, aunque tendré que esforzarme más para hacer lo mismo. ¿Qué significa terminar bien? En simples palabras, es servir a Cristo, influir en la gente por causa del Reino, y experimentar una vibrante relación personal con Dios en la última etapa de la vida. Es un sentimiento acumulado de un destino cumplido.

Deuteronomio 17:14-20 registra el recuento que Moisés hizo de la promesa de Dios, que en el futuro (500 años después), los israelitas estarían en la Tierra Prometida. Una vez allí, sintieron celos de las demás naciones; y su anhelo de ser como ellos, los movió a pedir un rey. Aunque quienes cumplirían este anhelo profético todavía no habían nacido, este mensaje fue una predicción de la vida de los reyes Saúl, David, y Salomón. Aunque estos son nombres que se destacan en las Escrituras, todos conocemos los detalles de la vida de cada uno y sus vulnerabilidades. Fuera por abuso de poder o por situaciones de carácter sexual, un liderazgo decadente, problemas familiares, de dinero, o de orgullo, ninguno terminó satisfactoriamente.

Hoy, los estudios señalan que hay una deserción significativa en los primeros cinco años de ministerio. He leído que hay 19.000 pastores protestantes en Australia, y otros 19.000 que alguna vez fueron líderes de una iglesia pero que ya no están en servicio activo. Aunque puede haber razones legítimas para su inactividad, muchos de ellos ya no están en el ministerio porque han sido atrapados por una de las tentaciones de Deuteronomio 17.

¿Qué necesita hacer un pastor para terminar bien en su servicio al Rey Jesús? En mi experiencia he notado que es importante que con toda sinceridad evalúe mis fortalezas y puntos vulnerables. Necesitamos que la gracia y la misericordia de Dios nos levanten cuando nos sentimos pequeños ante la presencia del Señor, pero también hay maneras en que podemos centrar nuestra vida en Dios y en nuestra obra por su Reino. A través de la práctica de las disciplinas espirituales de la soledad, el silencio, el estudio, el ayuno, la oración, y la meditación, damos lugar a que Dios nos fortalezca. La práctica de estas disciplinas requiere responsabilidad personal. Es una sabia medida que permitamos que otra personas sean nuestros mentores. Si tenemos un grupo de 10 o 15 personas que nos hablen con sinceridad, la comunidad de creyentes puede unirse en nuestro deseo de terminar bien.

Desde los primeros días de mi fe cristiana vi un cambio de paradigma en mi perspectiva ministerial. Mi manera de pensar ha cambiado de una perspectiva microscópica a una macroscópica. ¡Cómo me habría gustado tener esta perspectiva unos 30 años atrás! Mi relación con Cristo ha suscitado un cambio de perspectiva de ministerio que me mueve del hacer al ser. El cambio de una apreciación inmediata de la vida a una vida que se vive en perspectiva significa que mi andar con Dios es motivado por el deseo de terminar bien.

Por: Robert L. Gallghar

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