El abuso de autoridad en la iglesia

El abuso de autoridad en la iglesia

Concluimos con esta entrega el artículo que iniciamos la semana pasada con el título “El costoso amor de la disciplina en la iglesia”, (01) del libro escrito por los autores de “Restauración de los Heridos” (02) John White y Ken Blue. Habíamos revisado el concepto bíblico de autoridad respecto de Jesucristo y de las Escrituras.

Abordaremos ahora lo que pasa cuando se abusa de autoridad en las iglesias.

A modo de introducción es necesario aclarar qué significado tienen términos como ‘liderazgo’, ‘líder’ y ‘líderes’, habitualmente escuchados en el ámbito eclesiástico, pero que están ausentes en la Biblia. Describen la acción de uno o más individuos con capacidad para conducir a un grupo con el fin de lograr ciertos objetivos (03). A ellos el grupo les reconoce una autoridad que otros carecen, o prefieren no emplear.

Por el contrario, en la Biblia y, principalmente en el NT, la enseñanza se basa en el servicio, en el servir. El texto clave, sin duda alguna, es cuando Jesús, al hablar de su misión al venir al mundo, dice de sí mismo: “Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.” (04) Jesús cumplía en ese acto con lo profetizado por Isaías (05) al hablar del Mesías, el siervo sufriente que venía enviado de Dios para redimir a su pueblo.

Sin embargo, como afirman los autores mencionados, “es triste decir que la disciplina correctiva de la iglesia (o lo que se ha puesto en práctica como la disciplina de la iglesia) se ha caracterizado más por el abuso de la autoridad que por la clase de autoridad que enseñó y ejemplificó Cristo.” Continuemos leyendo cómo lo explican.

“La ira carnal, la arrogancia y aun la brutalidad y el asesinato manchan las páginas de la historia de la iglesia. El poder de Cristo le vino del cielo.

Algunos líderes eclesiásticos se deleitan en recordar eso y se proclaman como canales de ese poder. Pero recordemos que el hecho de que Satanás no tuvo ni poder ni control sobre Jesús no se basó tanto en la divinidad de Él sino en lo impecable de su humanidad.

Muchos líderes olvidan eso. Por tanto, con frecuencia Satanás ha ejercido poder sobre ellos, cuando pensaban que estaban actuando en el nombre de Cristo. Satanás ha hecho lo que ha querido en el pueblo de Dios, porque el pecado en la vida del pueblo y de los líderes, por igual, le dieron un poder que nunca Satanás pudiera reclamar sobre nuestro Maestro.

Hay una tensión entre los cristianos que surge de lo que pudiéramos llamar un elevado concepto de la iglesia y un elevado concepto de las Escrituras. Los dos tienen sus peligros. El primero destaca la autoridad de la iglesia sobre la vida del pueblo de Dios. Del mismo modo, un elevado concepto de las Escrituras recalca la necesidad de que las Escrituras controlen la conducta de los creyentes.

Los dos énfasis están en la Biblia. No hay tensión entre ellos.

La tensión surge en la mente de los líderes que tratan de usar la iglesia o la Biblia, o ambas, para controlar al pueblo de Dios. Los líderes eclesiásticos mismos están bajo la autoridad de las Sagradas Escrituras, pero su autoridad nunca debe ser coercitiva. Ella no convierte a los líderes en gobernantes.

A pesar del heroísmo y de la piedad de Watchman Nee (06), a causa del alto concepto que tiene de la iglesia, él cometió un error en este punto. Al escribir sobre la autoridad de Cristo, Nee declaró: ‘Por tanto, usted [debe] reconocer no sólo a la cabeza, Cristo, sino también a aquellos a quienes Dios ha colocado en el cuerpo para representar la cabeza. Si usted está en desacuerdo con ellos, también estará en desacuerdo con Dios.’ (07) El peligro está en la última oración: ‘Si usted está en desacuerdo con ellos, también está en desacuerdo con Dios.’ Los autores siguen citando a Jerram Barrs:

‘Lo que Nee enseña es que cuando los cristianos están en desacuerdo con sus líderes ipso facto están en desacuerdo con Dios.’ Las implicaciones de la enseñanza de Nee a través de la historia se han llevado más allá de lo que Nee pudiera haberse imaginado.

En algunos grupos se enseña actualmente hasta infantilizar y someter a los cristianos a una forma de ‘tiranía espiritual’ y algunas veces física. Y la misma tiranía se ejerce por el pueblo que tiene un elevado concepto de las Escrituras. En el caso de ellos, el egocentrismo toma la forma de un mal entendimiento de lo que Dios dice en las Escrituras para favorecer su tendencia particular de interpretarla.

Los líderes cristianos, debido a que son seres humanos, pueden dar lugar al pecado y al orgullo. No siempre están enterados cuando hacen esas cosas, y han olvidado que la total inmunidad de nuestro Maestro al control satánico surgió de su conducta humana impecable (como Hijo del Hombre). Los líderes humanos que hacen pronunciamientos en el nombre de Dios o de las Escrituras quizá no estén enterados del poder de Satanás sobre ellos en ese momento. El pecado menos grave que pueden cometer sería el de hacer declaraciones carnales en el nombre de Dios o de las Escrituras, mientras que en el peor de los casos merecerían la misma represión que una vez Jesús le dio a Pedro: ‘¡Apártate de mí Satanás!’ (08)

La iglesia

Hemos hablado de la autoridad. También hemos reflexionado sobre la disciplina. Hemos evadido presentar una discusión con respecto a la iglesia. Comúnmente se conviene que en el Nuevo Testamento sólo hay dos conceptos de ella: El de las iglesias y el de la iglesia. Las primeras fueron cuerpos de creyentes ubicados en específicas localidades geográficas; la última es la iglesia universal, la esposa de Cristo (09), que está compuesta por todos los creyentes.

Veinte siglos después del Nuevo Testamento nos enfrentamos a una situación más compleja. Ahora las iglesias son ubicuas, ampliamente variadas e institucionalizadas. Ha habido la división de la iglesia del oriente y la iglesia del occidente, seguidas muchos siglos después por la Reforma en la iglesia occidental. La Reforma ha sido seguida por una fragmentación que se ha exportado a todo el mundo (con frecuencia sin intención y junto con el mensaje de las buenas nuevas) por el moderno movimiento misionero.

La reacción entre algunos grupos cristianos ha sido la de esperar una renovación de la unidad. Eso requiere un pensamiento más vigoroso y teologizante con respecto a la iglesia y nuevos intentos para formular una eclesiología mutuamente satisfactoria. Pero la práctica de la disciplina correctiva de la iglesia no exige, y no puede esperar, una adecuada eclesiología.

Para que haya un comienzo sólo es necesario reconocer, en primer lugar, que el cuerpo de Cristo tiene que expresarse por lo menos en alguna forma local y visible y, en segundo lugar, que las iglesias y organizaciones eclesiásticas reconozcan la existencia de las otras y se relacionen con mutuo respeto. Ni siquiera es necesario esperar que se presente esto último. Donde ya existe el respeto, tenemos que aprovecharlo. Donde no existe, debemos esforzarnos por lograrlo.

Ya tenemos iglesias locales y organizaciones eclesiásticas. Necesitamos y tenemos líderes. Tal vez no satisfagan nuestros ideales, pero esos son los únicos que tenemos.

Los líderes de las iglesias necesitan nuestras oraciones.

Como todos nosotros, tienen que ser responsables ante Dios y ante los cuerpos de los cuales forman parte. Jerram Barrs dice lo mismo en otro contexto:

‘Tenemos que reconocer la falibilidad humana. El pecado afecta el funcionamiento de cualquier don.’ (10)

Los líderes están para ser ayudadores, no déspotas. Su papel es esencial. Pero tienen que usar su autoridad como la usó Jesús. Y no deben olvidar que (como todos nosotros) aunque ellos tienen una línea abierta hacia el cielo, a diferencia de Jesús están abiertos a las estratagemas del diablo. Necesitamos tales líderes, para que guíen al pueblo de Dios por el camino de la libertad disciplinada.”

En esta obra digna de ser leída, sus autores nos animan a volver permanentemente a la Palabra para aprender a aplicarla a nuestras vidas en el Espíritu. Así, la autoridad que viene de Dios será comprendida y transmitida sin interpretaciones interesadas o caprichosas por parte de los que están al frente de las iglesias locales.

Nada mejor, entonces, que seguir ese consejo con las recomendaciones apostólicas:

“Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo. (…) No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos” (11). “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente y sin reproche, y le será dada.” (12)

Quiera el Señor bendecirnos allí donde Él nos haya puesto.

Notas

Ilustración: https://contralaapostasia.com/2017/02/03/como-enfrentar-el-abusos-de-autoridad-2/

01.http://protestantedigital.com/magacin/43859/El_costoso_amor_de_la_disciplina_en_la_iglesia

02. Versión pdf: https://es.scribd.com/document/188154159/John-White-y-k-Blue-Restauracion-de-Los-Heridos-pdf Páginas 39-42.

03. El término ‘líder’ proviene del inglés ‘leader’, y hace referencia a conducir, guiar, dirigir, dirigente o jefe.

04. Mateo 20:28; Marcos 10:45.

05. Isaías 53.

06. Watchman Nee (1903 – 1972) predicador y escritor cristiano chino perseguido por el régimen comunista.

07. ‘The Body of Christ: A reality’ (El cuerpo de Cristo: una realidad) (Nueva York: Christian Fellowship Publishers, 1978), página 48, citado por Jerram Barrs en ‘Sheperds and sheep: A biblical view of leading and following’ (Pastores y ovejas: un concepto bíblico sobre liderazgo y seguimiento). Downers Grave, Illinois: InterVarsity Press, 1983), página 50.

08. Mateo 16:23; Marcos 8:33.

09. Efesios 5:25; Apocalipsis 19:7-9.

10. Ibíd. 07.

11. 1ª Timoteo 3:1-7; 5:1.

12. Santiago 1:5.

Importante: las citas (salvo la 07.) y los énfasis son responsabilidad de este autor.

Por: Óscar Margenet

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