Satura Tu Día en Su Gracia

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Por: Max Lucado

Ayer te equivocaste. Dijiste las palabras indebidas, te fuiste por donde no debías, amaste a la persona equivocada, reaccionaste mal. Hablaste cuando debiste haber escuchado, procediste cuando debiste haber esperado, juzgaste cuando debiste haber confiado, flaqueaste cuando debiste haber resistido.

Ayer erraste el tiro. Pero vas a errar peor si dejas que los errores de ayer saboteen la actitud de hoy. Las misericordias de Dios son nuevas cada mañana. Recíbelas. Aprende una lección de los bosques Cascade del estado de Washington.

Algunos de sus árboles tienen cientos de años y han rebasado su longevidad típica de cincuenta a sesenta años. Hay un patriarca lleno de hojas cuyo origen se remonta ¡siete siglos atrás! ¿Qué marca la diferencia? Las lluvias diarias. La precipitación constante mantiene el suelo húmedo, los árboles mojados y los rayos impotentes.

Los rayos también te caen. El trueno de los sinsabores puede encenderte y consumirte. Puedes contrarrestarlos con aguaceros de la gracia de Dios y empaparte a diario de perdón. Una vez al año no es suficiente. Una vez al mes no alcanza.

Las lloviznas semanales te dejan reseco. El rocío esporádico te deja susceptible a las llamaradas. Necesitas humectante constante cada día. «El gran amor del Señor nunca se acaba y su compasión jamás se agota. Cada mañana se renuevan sus bondades; ¡muy grande es su fidelidad!» (Lamentaciones 3.22–23, NVI).