Cómo refutar el ateísmo de Karl Marx

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Como en el caso de su paisano Federico Nietzsche, Karl Marx simplemente da el ateísmo por sentado. No es algo que el fundador del comunismo procurase demostrar ni racional ni empíricamente. El ateísmo es su credo de fe. Lo cree porque sí.

Antes de considerar los ataques intelectuales que Marx lanzó contra la fe cristiana, es necesario destacar que el alemán aceptó toda una serie de presuposiciones que no podía comprobar filosóficamente. Además de presuponer el ateísmo, Marx ejerció su fe religiosamente en el materialismo, la ética, la justicia, la verdad y el sentido de la vida y la historia.

Lo que es aun más irónico es que el propio sistema filosófico marxista se lee como un tratado de teología sistemática: el revolucionario prusiano nos ofrece una doctrina de creación (el mundo es auto-creado), de pecado original (la división de labor y la propiedad privada), de conversión (unirse a la causa comunista), de redención (el proletariado), de eclesiología (el partido comunista) y de escatología (el fin de la historia, esto es, la revolución).1 Total, ¡casi podríamos tachar a Marx de teólogo o de comunólogo!

Ahora vamos a fijarnos en ocho argumentos clave que Marx empleó contra la religión en general y a refutarlos uno por uno.

1.- El cristianismo apoya a los fuertes

Marx se enfadó al ver como la religión mantuvo atados a los pobres y desfavorecidos en Europa. Vio como el judaísmo y el cristianismo mantenían el status quo intacto. Observa Juan Antonio Monroy que, “Cuando Karl Marx critica la religión estaba criticando la avaricia del judío materialista. Estaba criticando el protestantismo burgués aliado con el capital. Estaba criticando la explotación del obrero por parte de las altas jerarquías católicas”.2

Pero esta crítica en sí no es una refutación del cristianismo genuino sino un ataque contra una religión degenerada y anti-bíblica que no refleja los valores del Reino de Dios. Las Escrituras están repletas de pasajes que condenan la opresión injusta de los ricos por encima de los pobres. “Sin duda la explotación no era la norma en Israel, comenta el profesor evangélico Benjamín Gálvez, piensa en el Jubileo, la remisión, en la redención (el pariente redentor), la reposición de un nombre para que no se perdiera una tierra”.

El Nuevo Testamento enseña la misma verdad que el Antiguo. Un solo texto nos servirá de ejemplo. “He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de lo que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos” (Santiago 5:4).

2.- El cristianismo es una droga ilusoria

La frase atea más conocida de Marx es la siguiente: “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, el espíritu de una situación carente de espíritu. Es el opio del pueblo”.

Marx quiso decir que el cristianismo es una droga reconfortante que ayuda a los marginados y explotados a soportar las dificultades de la vida. Es una droga ilusoria y artificial creada por la necesidad humana. No obstante, respondemos diciendo que la religión cristiana conlleva muchísimo más que un suave mensaje de consuelo. ¿Acaso no nos manda el Salvador que nos neguemos a nosotros, que tomemos nuestra cruz y que le sigamos hasta la muerte? ¿Quién, en su sano juicio, fabricaría una religión ilusoria que exige tanto?

Además, podríamos contestar a los marxistas diciéndoles que su ateísmo es sencillamente una droga ilusoria. Con razón los pecadores tales como Josef Stalin tendrían ganas de inventar una cosmovisión que les permitiera vivir cómo les diera la gana, una filosofía que no amenazara a nadie con el juicio venidero.

Para retocar la frase de Marx podríamos afirmar que, “El ateísmo es el opio de los impíos”. Como escribió el poeta polaco Czeslaw Milosz, “Estamos siendo ahora testigos de una transformación. El verdadero opio del pueblo es creer que no existe nada tras la muerte –el gran consuelo de pensar que todas nuestras traiciones, nuestra codicia, nuestros crímenes, no van a ser juzgados”.3

3.- Dios es una proyección humana

Siguiendo el análisis del ateo alemán Ludwig Feuerbach, Marx cree que Dios es simplemente una proyección de los ideales humanos. Es decir, Dios no existe. No es nada más que la extensión de la subjetividad humana.

Esta creencia atea, sin embargo, no deja de ser una simple confesión de fe. Es dogmatismo marxista. ¿Dónde está la prueba racional o empírica de que sea así? ¿Por qué no dar la vuelta a la torta de nuevo y decir que el ateísmo es un invento humano, una proyección humana?

Si todas las culturas que hay sobre la faz de la tierra tienen un concepto de lo trascendental, será por algo, ¿no? ¿Y qué hacemos con el diseño inteligente del universo y la complejidad irreducible de las células más simples? ¿Qué diremos sobre la existencia del cosmos? ¿Por qué se corresponde la mente humana con las leyes de la ciencia? La cuestión sobre Dios es mucho más que un asunto de subjetividad humana. Hay razones científicas objetivas bien serias para tomar en serio la hipótesis de Dios.

4.- El cristianismo es individualista, enfocado en el más allá

Desde su primer estudio sobre la filosofía religiosa de Plutarco, Marx aseveró que la religión es individualista, centrada en el alma, el cielo y Dios. Tal manera de pensar denigra las relaciones interpersonales, atentando contra el espíritu comunista.

Por un lado es cierto que la Biblia hace hincapié en la necesidad de paz entre el creyente y Dios, no obstante, por otro lado las Escrituras llaman a los convertidos a formar parte de la nueva familia de la fe, esto es, la Iglesia. La fe en Dios y el amor por los hermanos no son realidades mutuamente excluyentes sino complementarias. Al fin y al cabo, ¿no dijo el apóstol Juan “Si alguno dice: Yo amo a Dios y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?” (1 Juan 4:20).

En cuanto a la crítica sobre la fascinación de los cristianos con el cielo, la historia de la Iglesia revela un sinfín de bendiciones que el pueblo de Dios ha derramado sobre este mundo: orfanatos, residencias de ancianos, hospitales, organizaciones caritativas, programas de alfabetización, universidades, principios democráticos, educación, etc. Aquéllos que viven a la luz del futuro profetizado por Dios transforman el presente para la gloria del Señor.

5.- El cristianismo es antropocéntrico

No hay duda de que el cristianismo de la época de Marx fue dominado por una fuerte corriente de antropocentrismo. Desde los días de la filosofía antropocéntrica de Descartes y de Kant, tristemente la teología occidental llegó a enfocarse cada vez más en el ser humano.

El teólogo más citado en la generación de Marx no fue Lutero ni Calvino sino el padre de la teología liberal, Federico Schleiermacher. Schleiermacher, el cual no profesó fe en el Cristo de las Escrituras, inauguró una nueva metodología teológica que no comenzó con la revelación de Dios en las Escrituras sino con la experiencia religiosa del hombre moderno. Así la teología se convirtió en antropología. El mismo legado antropocéntrico se halla en los escritos de teólogos destacados posteriores tales como Ritschl, von Harnack, Hermann, Bultmann y Tillich.

En realidad en este quinto punto, compartimos el punto de vista de Marx y decimos “¡Amén!” Los protestantes conservadores siempre hemos rechazado una teología antropocéntrica y nos alegra que Marx sea de nuestra postura. Sin embargo, en vez de refugiarnos en el ateísmo, decidimos entregarnos a una teología basada en la voz del Omnipotente, revelada en Cristo y registrada en las Escrituras.

6.- Dios es un tirano

Marx siguió el espíritu moderno cuando preguntó en 1843: “¿Es Dios soberano o el hombre?” Su interrogante propuso que la libertad humana y la existencia de Dios son incompatibles. Por esta razón uno de los héroes del fundador del comunismo fue Prometeo, el cual proclamó su odio hacia todos los dioses.

Nuestra respuesta es que Marx nos ofrece una falsa alternativa entre el señorío de Dios y la libertad humana. Creemos que el ser humano es esclavo por naturaleza, no obstante, Dios convierte las almas para que sean verdaderamente libres en Cristo. Irónicamente, el sistema marxista –dado su materialismo- es determinista. Esto quiere decir que no hay tal cosa como la libertad humana. Es pura ficción. El hombre no es nada sino un conjunto de átomos.

Añadimos también que los países que implementaron los principios marxistas a lo largo del siglo pasado produjeron algunos de los dictadores más feroces de toda la historia mundial. Pensamos en Pol Pot en Camboya, Ceausescu en Rumanía, Mao II en China y Stalin en la Unión Soviética. El siglo XX reveló que el marxismo es una fábrica de tiranos. “La pérdida de la creencia en un Dios de juicio desemboca en brutalidad”.4

7.- El universo es auto-creado

Si Dios no existe, ¿cómo explicar el cosmos? ¿Por qué hay algo y no nada? Marx contestó diciendo que el universo se creó a sí mismo.

Infelizmente Marx no se dio cuenta de que nada puede crearse a sí mismo. Si x crea a y, sabemos que antes de que exista y, tiene que existir x. No obstante, si decimos que x crea a x, estamos diciendo que x tenía que existir antes de su propia existencia, esto es, que x existía y no existía al mismo tiempo. Es lógica y matemáticamente absurdo. La única solución es que algo creó el universo o, mejor dicho, que alguien lo creó, alguien no sometido a los límites del espacio-tiempo, alguien tremendamente poderoso, alguien como Dios.

8.- La religión es el producto de alienación socio-económica

Una de las convicciones más importantes en el pensamiento marxista es que la religión es producto de la alienación socio-económica. Esto significa que cuando tal alienación esté superada, las personas ya no se preocuparán por la cuestión de Dios.

Primero, esta hipótesis es una simple teoría de un incrédulo. ¡Nada más, nada menos!

Segundo, es manifiestamente falsa. ¿Acaso no hay muchas personas en este mundo que profesan fe en Dios aunque no sufren alienación socio-económica? Aun en la iglesia primitiva había hermanos ricos. Escribió Pablo a Timoteo: “A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Timoteo 1:17).

El rico, por cierto, tiene que compartir con el que padece necesidad (Efesios 4:28).

Conclusión

Con todo, los argumentos de Marx contra la religión son poco satisfactorios a nivel académico. En ningún momento pretende Marx demostrar la no existencia de Dios en plan objetivo; simplemente se dedica a lanzar acusaciones no fundamentadas contra la fe bíblica.

Antes de terminar, también sería importante resaltar un dato más de interés: la enorme cantidad de cristianos en zonas previamente dominadas por fuerzas marxistas. Llevo varios años predicando la Palabra en Rumanía donde hay literalmente millares de cristianos. Y luego me cuentan de los millones que siguen al Señor en la ex Unión Soviética y hasta ochenta millones de cristianos en las iglesias subterráneas de la China. De forma sorprendente, son justamente los países que han procurado eliminar el cristianismo que ahora gozan de tantísimos nacidos de nuevo.

1BOCKMUEHL, Klaus, The Challenge of Marxism (IVP: Leicester, 1980), p. 17.

2MONROY, Juan Antonio, ¿En qué creen lo que no creen? (Clie: Barcelona, 2008), p. 22.

3Citado en KELLER, Tim, La razón de Dios (Andamio: Barcelona, 2014), p. 133. 4Ibíd., p. 133.

Por: Will Graham