“Lo viví como un retiro personal con Dios durante dos años”

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American missionary Kenneth Bae speaks to reporters at Pyongyang Friendship Hospital in Pyongyang Monday, Jan. 20, 2014. Bae, 45, who has been jailed in North Korea for more than a year, appealed for the U.S. to do its best to secure his release. (AP Photo/Kim Kwang Hyon)

Kenneth Bae fue sentenciado a 15 años de trabajos forzados en 2013 por lo que el gobierno Norte Coreano describió como “actos hostiles” en contra de su país. Nació en Séul y fue a Estados Unidos con su familia en 1985. Se mudó a China el 2006, donde empezó su trabajo como misionero.

En 2010, empezó a liderar pequeños grupos a entrar en Corea del Norte, donde fue arrestado, llevado a Pyongyang para ser interrogado y declarado culpable.

“UN TERRORISTA” Al final fue puesto en libertad y regresó a Estados Unidos. Ahora ha escrito un libro sobre esos dos años en la prisión: No Olvidado: La Verdadera Historia de Mi Encarcelamiento en Corea del Norte.

En su libro, Bae afirma que para el gobierno de Corea del Norte, ser un misionero es lo mismo que ser un terrorista. Para el gobierno, el evangelio de Jesucristo es muy peligroso.” El misionero explica que “antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando solo había una Corea, había más cristianos en el norte que en el sur. Había un avivamiento enorme en Pyonyang que se llamaba ‘Jerusalén del Lejano Oriente’. “Mi crimen era ir ahí y orar que Dios hiciera ahí lo que un día hizo. Por eso, me consideraron un terrorista peligroso. Supongo que aún lo soy porque sigo orando por Corea del Norte”, añade.

“SU GRACIA ERA SUFICIENTE” “En Corea del Norte, aprendí de la fidelidad de Dios, experimenté su gracia y fui testigo de su compasión en maneras que nunca me habría imaginado antes.

Aprendí a confiar en Dios y agarrarme a sus promesas”, recuerda. Kenneth Bae. Para Bae, “Dios ha sido asombrosamente fiel y su gracia era suficiente, ya que su compasión por los perdidos es eterna.”

Admite que “aunque tuve momentos en los que estaba deprimido y había perdido la esperanza, y a veces me sentí abandonado y olvidado por el mundo, Dios estaba ahí. Como prometió, nunca me dejó o me abandonó.”

“UN RETIRO PERSONAL CON DIOS” Durante su cautividad, Bae “también aprendí que mi vida trata de Su voluntad y Su plan, no la mía (…). Aprendí que vale la pena vivir por Jesús, hasta vale la pena ir a la cárcel por Él. No habría aprendido esto de otra manera.” “Me sentí como si hubiera estado en un retiro personal con Dios durante dos años.”

“ORA POR COREA DEL NORTE” “Mis dos años en Corea también me enseñaron a tener compasión por aquellos que aún viven en la oscuridad.

El mundo les olvida pero Dios se acuerda de ellos”, manifiesta Bae. Explica que “en Corea del Norte hay más de 24 millones de persones que viven sin el conocimiento de un único Dios verdadero.

Aún me acuerdo de las palabras de los guardias: ¿Dónde vive este Jesús, en China o en Corea? “Debemos orar por ellos y construir un puente hacia ellos por el cual podemos compartir el amor de Dios.”, continúa. Concluye el epilogo del libro citando Jeremías 31:33-34 mientras dice: “Oro que aún pueda convertirme en un puente para conectar Corea del Norte con el resto del mundo. Pero no quiero ser el único puente.”

Por: Cristina Rovirola