La Tarea Incompleta de la Gran Comisión

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Imagine qué sucedería si todos los hombres, mujeres y niños en su zona de influencia oyeran el evangelio de Jesucristo claramente proclamado y entregaran sus vidas al Señor este año.

Pues bien, todos los diarios del mundo publicarían la noticia. Todas las emisoras radiales informarían sobre “el más grande avivamiento de todos los tiempos”. Todos los noticieros televisivos comentarían la innegable reforma que tendría lugar.

Sin embargo, aunque ése fuera el caso, nuestra tarea no estaría terminada. ¿Qué acerca de los nuevos niños? ¿Y los futuros inmigrantes? ¿Y los más de 3000 millones de personas que nunca han oído una clara presentación del evangelio?

Las estadísticas pueden ser abrumadoras. De modo que piense en individuos específicos que conoce, y que nunca hayan entregado su vida a Cristo. Luego piense usted en las multitudes que ve en las ciudades–en las estaciones de tren, en las calles, por todas partes. ¿Cómo se siente cuando piensa en ellos?

La Escritura declara que cuando Jesús vio a las multitudes, “tuvo compasión de ellas, porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor” (Mateo 9:36). Tenemos que pedirle a Dios que mueva nuestros corazones con la misma compasión que tiene El.

Los mayores peligros que enfrentamos como cristianos son el cinismo y una actitud fría. “¡Qué pena! Así que más de 3000 millones de personas no conocen a Cristo.” Hay que recordar que en ese número que vive “sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12), hay personas reales, incluso personas que conocemos y amamos.

El Señor señaló la urgencia de la tarea recordando a sus discípulos: “¡Es tan grande la mies y hay tan pocos obreros!” (Mateo 9:37 BD). ¿Cuánto tendrá que esperar la gente hasta oír el evangelio? ¿Cuántas generaciones más habrán de pasar hasta que ciertos lugares del mundo oigan el mensaje de Cristo por primera vez?

Es emocionante ver que hoy día hay una gran cosecha en la mayor parte del así llamado Tercer Mundo. Varias naciones en nuestra América Latina y en Africa podrían tener mayoría de creyentes cristianos en quince años. Y Dios también está obrando en Asia. Ahora mismo se están abriendo puertas como quizás nunca antes en la historia. La comunicación masiva ha hecho posible llegar con el mensaje de vida aun en los países “cerrados”. Esta es la realidad del presente, pero pronto podría cambiar.

Nuestro trabajo es urgente. Por eso Cristo ordenó a sus discípulos: “Orad al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies” (Mateo 9:38). En nuestra Biblia el capítulo termina allí, pero tenemos que seguir leyendo. En los cinco versículos siguientes el Señor dio autoridad a sus discípulos y los envió a trabajar. Los doce apóstoles fueron una respuesta a la oración que ellos mismos habían hecho.

Para acabar con el trabajo debemos tener la autoridad de Dios, que es resultado de una vida santa. Pablo dijo a Timoteo: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7). Me gusta pensar en esto como osadía santa.

La incompleta tarea de ganar al mundo para Cristo es enorme. ¿Está usted dispuesto a tener compasión por los perdidos y un sentido de urgencia en ganarlos para Cristo? ¿Está usted dispuesto a ser un obrero de Dios y a servirle con valentía santa?

Comience a actuar esta misma semana para acabar el trabajo que aún hay por delante.

Por: Luis Palau